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OPINIÓN - 25.11.15

Violencia
No es hora de callar
Rita Liempe
Por Rita Liempe
Secretaria de Relaciones con los Pueblos Originarios de la CTA.

En la segunda convocatoria de “Ni una menos”, a más de 4 meses de primera, donde se plasmaron concentraciones, manifestaciones, marchas y tuvo gran repercusión en medios de comunicación y redes sociales, se logró una inédita visibilización de la violencia de género en nuestro país.

Esto también se vio reflejado en el crecimiento exponencial de las denuncias mediante el sistema telefónico, en las comisarías y en el servicio de justicia, conforme las estadísticas publicadas tomando el lapso desde el comienzo de la campaña a la fecha.

Los hechos demuestran con nitidez que explayarnos sobre la problemática, comunicar e informar de modo claro y organizado a los ciudadanos sobre sus derechos y en este caso a las mujeres y LGTB en concreto da resultados positivos, continuando en este camino de la concientización, sus efectos maximizaran los resultados.

Pero previo a pronosticar una verdadera avanzada en la lucha contra la violencia de género y construir un escenario cabal, vale preguntarnos ¿Cuáles fueron los reales niveles de genuinidad en los representantes políticos, sociales, sindicales y funcionarios públicos que participaron en la campaña? O viceversa ¿Estuvieron libres de toda hipocresía todos quienes se montaron el cartel #NiUnaMenos para una foto o todos aquellos que el día 3 de junio concurrieron a la marcha?

La realidad es que desde hace tiempo estamos reclamando que se dote de trabajadores y recursos materiales a las reparticiones públicas que abordan la violencia de género y no dan a basto. O que pedimos, como en mi ciudad, Lincoln, la apertura de “Comisarias de la mujer y la familia” y no se disponen, o instamos a que simplemente se cumpla con la ley nacional de “Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales” y la ley provincial 12.569 sobre “Violencia Familiar” y tampoco se efectiviza. Por ello, no podemos dejar de señalar, remarcar y recalcar que varios, que el día 3 de junio dieron discursos, se sacaron fotos y participaron en las marchas convocadas, son responsables de la situación descripta.

Tampoco debemos dejar de mencionar que muchos referentes, dirigentes políticos, sociales y sindicales que lamentablemente dentro de sus organizaciones consienten situaciones de desigualdad, discriminación y privilegios por diferencias de género y en algunos casos hasta garantizan la impunidad por acciones de evidente violencia hacia la mujer han tenido la hipocresía de hacer lo mismo que los sujetos a quienes dirigimos nuestras demandas, resultando esto más repudiable aún.

Como mujer, dirigente sindical y política, extiendo la invitación a que rediscutamos nuestras políticas internas en materia de género, replanteando los valores y la conducta que deben sostener el andamiaje de los espacios en los que se disputa el liderazgo y el poder, donde la mayoría de las veces prima el modelo patriarcal, donde el hombre cegado por la cultura internalizada machista avasalla, y dolorosamente muchas mujeres consienten, donde las voces de unas pocas se diluyen detrás de diferentes etiquetas, y donde se esconden bajo la alfombra situaciones escabrosas que deben ser discutidas y ameritan desiciones claras y concretas. Me resisto a admitir naturalmente a quien agrede, somete, agravia, golpea, descalifica, no cumple la cuota salarial con sus hijos, quien niega paternidad, entre muchas otras situaciones, que hasta ahora han pasado solapadamente. Jamás estas personas pueden desempeñar responsablilidades en nuestras organizaciones.

Este 3 de junio tiene que ser un viraje en todos los aspectos, animarnos a rediscutir sin ponernos colorados, sin negar, sin sentir vergüenza, por que para cambiar, hay que aceptar que erramos, para construir desde una conciencia sana, la base sólida para las siguientes generaciones.

Por todo esto, la iniciativa que tuvo como corolario las actividades llevadas a cabo en todo el país el 3 de junio se deben replicar en todos los niveles de las organizaciones que componen el tejido social y sobre todo a nivel interno de todas aquellas instituciones que luchamos por una sociedad más justa e igualitaria para que el discurso no quede acotado a sólo una expresión mentirosa, y que por fín un día logremos dejar de reclamar “Ni una menos”.

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